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| Financiación de la ayuda, un debate cada vez más presente Autor: Gabriel Boichat |
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La Conferencia Internacional sobre el SIDA 2008 en México ha tenido muchos temas estelares que han sido ampliamente difundidos. Sin embargo, hay un debate que no ha gozado de mucha publicidad, pero que ha sido una constancia en muchos foros del evento, algo así como un murmullo creciente que nunca deja de oírse. Hablamos del debate entorno a la efectividad de la ayuda y los modelos de distribución de la misma. En los últimos años ha habido un consenso bastante amplio en distribuir la ayuda a través de programas verticales, tanto con acuerdos bilaterales entre países como multilaterales. Sin embargo, este modelo está recibiendo crecientes críticas, sobre todo tras la Declaración de París en la que se define los conceptos de apropiación, ya que según sus detractores la ayuda no llega de forma correcta a quienes la necesitan y por lo tanto no está siendo eficaz. El tema no es baladí ya que se está cuestionando la estructura financiera que canaliza la ayuda hacia los países en desarrollo con el fin de, por ejemplo, reducir el impacto de enfermedades tan devastadoras como el VIH/SIDA. Ayudas que, por cierto, mueven miles de millones de dólares al año. Por lo tanto, lo primero que sorprende es la poca difusión de un debate tan crucial ya que sobre él descansa la actual financiación de la respuesta al VIH/SIDA y otras enfermedades como la TB o la malaria. Pero no es todo. El paseo por varias de las sesiones que, durante la Conferencia de México, se dedicaron a analizar la efectividad de la ayuda y sus modelos, descubrió una realidad todavía más sorprendente si cabe: detractores y defensores del modelo vigente andan cada uno por su lado. Podría decirse incluso que el debate es casi inexistente en un sentido estricto ya que cada parte defiende sus argumentos en sesiones separadas. El primer ejemplo podría ser la sesión “Iniciativas de Salud Global: el impacto de la financiación vertical sobre los sistemas de salud y las prioridades comunitarias” que tuvo lugar el martes 5 de agosto en el Centro Banamex. La conferencia reunió a diferentes representantes del que podríamos llamar “sector crítico” del modelo vertical explicando, desde su punto de vista, cómo este sistema ha afectado a la efectividad de las ayudas. De forma resumida, los argumentos que allí se expresaron fueron que, por ejemplo, no existe un conocimiento real del estado de la sociedad civil de los países receptores de la ayuda ni se hace una consulta previa con la sociedad civil local antes de implementar un programa, lo que muestra la inexistencia de un compromiso real con las organizaciones que lo conforman. Esto implica, por ejemplo, que se les utilice según las prioridades marcadas por los países donantes (y no por los países receptores) y que, por lo tanto, no sea un modelo sostenible en el tiempo. Según Valeria Oliveira Cruz, de la Unidad de Políticas de la London School of Hygiene and Tropical Medicine, organismos como el Fondo Global o Pepfar (Plan de emergencia del presidente de EE UU para el alivio del SIDA, en sus siglas en inglés) no han seguido los mecanismos de coordinación de la ayuda ni tampoco han tenido en cuenta los planes de los países receptores como Uganda. Al contrario, estos dos organismos prefirieron seguir sus objetivos preestablecidos en vez de fortalecer los sistemas de salud. La conclusión a la que llegaron tanto Oliveira Cruz como el resto de panelistas fue que el modelo vertical impide la integración de las distintas acciones y de los programas de ayuda y que, por lo tanto, hace que cada esfuerzo esté separado de otro, perdiendo la oportunidad de crear sinergias. A su vez, afirmaron que es necesario instaurar mecanismos de rendición de cuentas para los organismos donantes con tal de poder evaluar de forma transparente la eficacia de la ayuda. Por el otro lado, en cambio, tenía lugar apenas tres horas antes la sesión “Arquitectura Financiera Global” que congregó a los defensores del modelo vertical. Las preocupaciones a la hora de abordar el tema de la distribución de la ayuda son similares a la reunión citada previamente. Así lo expresaba Bert Koenders, ministro de Cooperación y Desarrollo de los Países Bajos, al afirmar que es necesario asegurarse que los recursos se gasten de forma efectiva y de que puedan ser sostenidos en el tiempo, además de defender la necesidad de una mayor colaboración entre todos los agentes a la hora de construir una respuesta ante el VIH/SIDA. Sin embargo, las conclusiones fueron, como era de esperar, bien diferentes a las de la otra sesión. Así, por ejemplo, Tedros Adhanom Ghebeysus, ministro etíope de Salud, afirmó que los programas actuales sobre SIDA permiten fortalecer los sistemas de salud y pueden ser sostenibles a medio y largo plazo, tal y como ocurre en Etiopía en donde los donantes se acogen a un plan de financiación que dura entre 3 y 10 años. Por su parte, el actual director del Fondo Global, Michel Kazatchkine, afirmó que no existe evidencia alguna de que los programas verticales están creando disfunciones. Al contrario, con las ayudas actuales se han logrado muchas metas y se han financiado programas que hasta el momento estaban sin dinero. El debate, desde otra perspectiva Entre las razones que llevan a que el agujero de financiación siga incrementándose, Tenemos SIDA apunta a la falta de un consenso en relación a la cantidad de recursos financieros con los que los diferentes gobiernos deben aportar a la lucha contra el SIDA en países de medios y bajos ingresos. Por ello, Tenemos SIDA propone un sistema internacional de cálculo consensuado que indique cuál es la “cuota justa” que cada país debe aportar. Esta cuota estaría basada en diez criterios de cálculo -como por ejemplo que debe estar basada en criterios objetivos y cuantificables y calcularse anualmente- con el objetivo de lograr un mecanismo completo de rendición de cuentas que parta de una cantidad a aportar definida a partir de la cuota justa a un sistema eficaz y transparente de monitoreo. De esta forma, este mecanismo podría contribuir a hacer posible una financiación suficiente y sostenible a largo plazo para luchar contre el SIDA. Sin lugar a dudas, la discusión entorno a los modelos de financiación de las ayudas que construyen la respuesta al VIH/SIDA irá tomando más fuerza en el futuro próximo. Habrá que observar la evolución del debate y, en todo caso, estar atentos a las distintas propuestas que, en definitiva, buscan el mismo objetivo: lograr que la ayuda sea lo más eficaz posible. Aunque sea recorriendo caminos distintos. |
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