Acaba de pasar el 1 de diciembre, fecha en la que se celebra el Día Mundial del Sida, la enfermedad provocada por un virus, el VIH, que afecta a más de 33 millones de personas en el mundo y que se sigue expandiendo con más de 7.000 nuevas infecciones diarias. Estas cifras muestran que queda mucho trabajo por hacer para poder ofrecer una respuesta adecuada a la pandemia. Sin embargo, también es importante mirar hacia atrás para reconocer los esfuerzos que se han hecho y determinar los siguientes pasos a realizar.
Hoy en día, la apuesta mundial es la de una respuesta integral, inmediata y coordinada entre todos los actores implicados como vía para poder controlar la pandemia. Esto supone trabajar por la mejora de los tratamientos actuales, ampliación de su acceso, mejora en los mensajes de prevención, pero también por la incorporación de nuevas alternativas de prevención. Como veremos a continuación, hemos podido ver diversos ejemplos de una respuesta integral a lo largo del 2008.
Dentro de esta estrategia, la Investigación y Desarrollo en nuevos productos de salud para el VIH es una pata fundamental que necesita de una movilización política, social y económica decidida. Un claro ejemplo está en el campo de la prevención: algunas limitaciones del condón han mostrado la necesidad de desarrollar nuevas tecnologías de la prevención (NTP) que, al sumarse al preservativo, ofrezcan nuevas alternativas a la hora de protegerse ante el virus. Es el caso de las vacunas del VIH y de los microbicidas.
Vacunas y microbicidas
En el caso de las vacunas, este campo científico ha estado inmerso en un profundo debate acerca de cómo había que reenfocar la investigación después de la interrupción de dos de los ensayos más avanzados en el 2007. La principal conclusión es que se debe continuar con la investigación, tanto básica como clínica, dado que existen suficientes indicios que apuntan a que es posible contar con una vacuna segura, eficaz y accesible. Sin embargo, es necesario promover cambios en la planificación de las investigaciones orientados a un mejor aprovechamiento de los recursos, al fomento de la innovación para contar con varias alternativas de investigación o a una mejor elección de las candidatas antes de llegar a los ensayos de eficacia a gran escala, entre otras recomendaciones.
En este sentido, un buen ejemplo de la reflexión que ha tenido lugar es el documento “Programa de acción 2008 para la vacuna del SIDA: un reto para el campo, un camino hacia el progreso”, publicado por la Iniciativa Internacional por una Vacuna del VIH (IAVI, en sus siglas en inglés) que, además de analizar las necesidades generales de este campo de investigación, contiene cuatro recomendaciones específicas (para más información, aquí y aquí).
Ahora bien, las investigaciones continúan y buena prueba de ello es el inicio de un ensayo de de una candidata a vacuna del VIH elaborada en España. Esta candidata a vacuna, la MVA-B, ha sido desarrollada por un equipo de científicos dirigido por el investigador del CSIC Mariano Esteban, en el Centro Nacional de Biotecnología, y su objetivo no sería el de impedir la infección, sino evitar que las personas vacunadas desarrollen la enfermedad en caso de infectarse. El estudio clínico, que tendrá lugar en el Hospital Clínic de Barcelona y en el Hospital Gregorio Marañón de Madrid, será de seguridad (Fase I) y empezará en enero de 2009. Los primeros resultados se esperan hacia mayo de 2010.
Por su parte, el campo de los microbicidas está muy centrado en el desarrollo de la llamada segunda generación cuya principal característica es que son productos basados en los mismos compuestos que los tratamientos antirretrovirales. Los dos candidatos más avanzados de esta nueva generación son tenofovir gel, desarrollado por CONRAD y el gobierno sudafricano, y dapivirina, cuya investigación está a cargo del Parternariado Internacional por los Microbicidas (IPM, en sus siglas en inglés). Según las instituciones responsables de los ensayos, los datos obtenidos hasta ahora indicarían que la eficacia de estos compuestos ante el VIH estaría entorno al 50-80%, unos datos que deberán ser confirmados en los próximos ensayos de eficacia a gran escala que empezarán a lo largo del 2009.
En el campo del apoyo a la I+D en nuevos productos de salud, es importante destacar la aportación anunciada por el Gobierno español durante la pasada Conferencia Mundial del Sida de México, de 10,2 millones de euros para ONUSIDA, de los cuales 3 millones son para la Iniciativa Internacional por una Vacuna del Sida (IAVI, en sus siglas en inglés) y 1,5 millones para IPM en una apuesta clara de la cooperación española para el desarrollo hacia la investigación de nuevas tecnologías de la prevención del VIH.
Prevención y reducción de daños
Por otra parte, el campo de la prevención también ha mostrado la inquietud de muchas ONG españolas por mejorar la incidencia de las intervenciones que se realizan a través de talleres, cursos, etc. y que hasta hace poco estaban casi exclusivamente enfocadas a promover el uso del condón como principal medida de protección ante el virus. Ahora, se busca pasar de un paradigma que tiene el condón como eje central a un nuevo paradigma basado en la reducción de daños.
Aplicar la reducción de daños, un modelo que surge primero en el mundo de las drogas hace más de una década, a la prevención sexual del VIH parte de reconocer que hay gente que no utiliza el preservativo durante las relaciones sexuales. Con este paradigma, hay una primera dimensión que coloca la prevención como parte de una vivencia plena de la sexualidad. Significa ampliar la visión y hablar de sexualidad, del cuerpo, del placer, del respeto por sí mismo/a y por las demás personas, además de tener en cuenta la dimensión social y las vivencias de las personas que también acaban influyendo en la decisión de ponerse o no el preservativo, como pueden ser las relaciones de género y los roles atribuidos a hombres y mujeres.
La segunda dimensión se centra en dar toda la información de una forma clara y transparente y explicar, por ejemplo, que determinadas prácticas sexuales tienen menos riesgos que otras. Esta dimensión implica reconocer que las personas son autónomas y que pueden tomar sus propias decisiones sobre su vida.
El VIH/Sida desde otras esferas
Construir una respuesta integral y comprehensiva ante el VIH/Sida significa también abordar la pandemia desde otras perspectivas, como la visión de género o los Derechos Humanos. Un caso representativo de este abordaje puede ser la plataforma estatal RED2002 que tiene incorporados como ejes estratégicos el género y los derechos humanos (DDHH), además de la participación comunitaria.
Así, por ejemplo, en un encuentro internacional sobre DDHH celebrado el pasado septiembre, se abordaron las experiencias internacionales existentes para hacer frente a las situaciones de estigma y discriminación a las que se ven expuestas muchas personas que viven con VIH/Sida y que, en ocasiones, acaban en vulneración de DDHH. Una realidad sobre la que hay que intervenir, a través de información, asesoría legal, colaboración entre la sociedad civil, etc. con tal de evitar unas situaciones de mayor vulnerabilidad ante el virus para las personas que viven con VIH/Sida.
Sin embargo, trabajar para responder al VIH significa también trabajar en el control de otras enfermedades como la tuberculosis (TB) y la malaria, dos enfermedades que, junto con el VIH/Sida, provoca la muerte de 6 millones de personas al año. Las tres pandemias se interrelacionan y se potencian mutuamente. El resultado es un fuerte impacto en la salud, pero también en el desarrollo socio-económico de los países afectados, especialmente los países en desarrollo. Romper este círculo significará promover el desarrollo de estos países y, para ello, hay que actuar de forma conjunta y coordinada en los tres frentes.
Finalmente, es interesante destacar que, si bien es importante celebrar el 1 de diciembre como fecha señalada en el calendario, lo es aún más el hecho de que, gracias al trabajo y compromiso de la sociedad civil, se haya logrado que el VIH/Sida y los retos que presenta sean recordados a lo largo de todo el año. Gracias a estos esfuerzos constantes de tantas personas alrededor del mundo, nos podemos atrever a creer en un mundo en donde la pandemia esté algún día controlada y erradicada.
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