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| La Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda Autor: Ernest Aibar |
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La Declaración de París, más que una declaración de intenciones, representa un claro viraje en la visión y perspectivas sobre la cooperación para el desarrollo. La capacitación y fortalecimiento de los países del Sur se está convirtiendo en la piedra angular de las políticas de ayuda y, en lo relativo a la salud mundial, estas acciones pueden representar importantes desafíos para la comunidad internacional. La Declaración de París sobre la eficacia de la ayuda (2005) es un referente clave para la cooperación internacional española: en su vertiente procedimental e ideológica. Los responsables de la política de cooperación han centrado numerosos esfuerzos en seguir las recomendaciones que surgieron de París: enfocar enteramente la política a las necesidades de los países del Sur (dotándoles de capacidades estructurales) y mejorar la efectividad de la ayuda para el desarrollo. Prueba de la gran influencia de la Declaración de París en la política de cooperación española está, por ejemplo, en el Plan Anual de Cooperación Internacional 2008, donde se dedican varios apartados a la armonización de la política con los compromisos suscritos en París. Otro ejemplo de esta influencia lo encontramos en el hecho de que más del 60 % de la ayuda bilateral española en salud recaiga en el fortalecimiento institucional de los sistemas públicos, es decir, dotar de capacidades a los países del Sur en sintonía con la Declaración de París. Este fortalecimiento se ha convertido en una línea esencial de la Estrategia de Salud de la Cooperación Española. En este punto, resulta interesante describir qué es la Declaración de París, en qué contexto la podemos situar, cuáles son los actores implicados y qué retos plantea, especialmente por lo que respecta a la salud mundial. La Declaración de París La Declaración de París nace del II Foro de Alto Nivel sobre la eficacia de la ayuda entre países Norte/Sur promovido por el Comité de Ayuda para el Desarrollo (CAD), un apéndice de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) o club de países industrializados. Arropada por las Naciones Unidas, la Declaración de París ha significado un hito importante para muchos de los Estados y organizaciones internacionales que trabajan para el desarrollo de las regiones pobres del planeta. La Declaración de París se suma a los esfuerzos de la comunidad internacional para mejorar la eficacia de los recursos que se destinan mundialmente al desarrollo: Cumbre del Milenio (2000) - Objetivos de Desarrollo del Milenio; Conferencia de Monterrey (2002); I Foro de Alto Nivel de Roma (2003); y Mesa Redonda de Marrakech (2004). Se trata de un proceso por el que los diferentes países, ricos y pobres, y organizaciones internacionales pretenden mejorar las políticas de unas y otras en relación con la ayuda y el desarrollo (debido al aumento sostenido de las tasas de pobreza, el empeoramiento de las condiciones de vida o la propagación de pandemias como el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis durante los años 90).
Deliberaciones, generales y referentes a la salud mundial, sobre la Declaración de París Los compromisos de París pretenden básicamente capacitar a los países del Sur (reforzando sus sistemas y haciéndolos sujetos de las políticas para el desarrollo) y mejorar la coordinación entre los actores implicados. Resulta curioso, ante esta posición, que el foro se celebre en París y esté orquestado por un club de países ricos, los donantes de la ayuda. Además, si bien el protagonismo de los gobiernos del Sur es imprescindible para la ética/eficacia de la ayuda, también lo es el de las organizaciones comunitarias de los países en desarrollo o, más aún, el de las personas que viven en situaciones de pobreza extrema o aquellas que viven con VIH, malaria o tuberculosis y no tienen acceso a fármacos ni hospital que las atienda. También estos colectivos son parte del sujeto y, como tales, estaría bien que participaran en la planificación e implementación de las políticas. La presencia de la sociedad civil en el II Foro de Alto Nivel de París fue limitada y poco representativa. Sin embargo, es preciso resaltar que, a partir de ese momento y en vistas al III Foro de Alto Nivel sobre la eficacia de la ayuda que tendrá lugar en Accra a principios de septiembre de este año, se ha ido tejiendo una importante red de organizaciones de la sociedad civil que quiere profundizar y monitorear el proceso. En el campo de la salud mundial, son varias las consecuencias que pueden suponer la aplicación de la Declaración de París. Por una parte, el principal efecto ha sido que los estados donantes centren buena parte de la ayuda al fortalecimiento de los sistemas públicos de salud de los países en desarrollo a través de apoyos presupuestarios, formando personal médico o fomentando la construcción de infraestructuras sanitarias. Resulta necesario fortalecer los sistemas públicos de salud: aportar capacidades a los países del Sur es un buen instrumento para mejorar la atención y las infraestructuras sanitarias y así mitigar el impacto de enfermedades prevalentes. Ahora bien, para suavizar el impacto de las pandemias de la pobreza no es suficiente fortalecer institucionalmente los países más afectados. Además de esto, es importante desarrollar nuevos productos de salud eficaces, seguros y universalmente accesibles que sirvan para prevenir o tratar estas enfermedades. Resulta oportuno, para mejorar la salud mundial, establecer estrategias paralelas: acciones que mejoren las capacidades estructurales de los países en desarrollo e investigaciones científicas sobre las enfermedades prevalentes u olvidadas. De la misma forma que no servirán de mucho los fármacos o vacunas si éstos no pueden llegar a las personas que los necesitan – por la debilidad de los sistemas de salud o los altos precios que exige el mercado-, tampoco servirá tener un buen sistema de hospitales si no existen productos para tratar o prevenir las enfermedades. Actualmente, es necesario que aumenten los recursos para acelerar la investigación biomédica en nuevas vacunas y fármacos. Existe el riesgo que, para el fortalecimiento institucional de los sistemas públicos, los países donantes reduzcan sus aportaciones (ya de por si insuficientes) a la investigación y desarrollo de nuevas tecnologías de la salud; de ser así, faltaría una pieza importante para mejorar la salud mundial. En este sentido, una buena solución la ofrecen aquellas iniciativas internacionales que fomentan la investigación biomédica en los países en desarrollo. Esta ingeniería provoca un doble beneficio: mientras se investigan nuevos productos, se fortalecen las capacidades de los países del Sur. Es el caso de la Iniciativa Internacional de la Vacuna del SIDA (IAVI), que tiene centros de investigación en Kenia, Uganda, Ruanda, Sudáfrica y la India para desarrollar una vacuna para el SIDA. El mismo modelo es adoptado por otras iniciativas como el Partenariado Internacional para los Microbicidas (IPM) o AERAS, la Fundación Mundial para las Vacunas de la TB. Otro riesgo a destacar es la necesidad de armonizar las políticas de ayuda con otros aspectos como las políticas comerciales o la gestión de la deuda externa. En el caso de la salud, por ejemplo, aparecen ciertas contradicciones en el hecho de que los países industrializados fortalezcan los sistemas públicos y que, a la vez, no actúen frente a la marcha de personal médico cualificado de los países en desarrollo (este desajuste merecería un artículo a parte). Finalmente, de forma paralela y complementaria al proceso de mejora de la eficacia de la ayuda (Declaración de París) es importante que se trabaje para la consecución de los ODM y para alcanzar los compromisos económicos y políticos planteados por la comunidad internacional en relación con el desarrollo. Observamos que en el año 2007 se ha producido cierto descenso en la ayuda para el desarrollo. Si no se cumplen los objetivos fijados (la ayuda del grupo de países CAD debe alcanzar el 0,7% del PIB para el 2015) y se marcan nuevas metas, será difícil trabajar para el desarrollo social y económico de todas las regiones. Fuente: OCDE – CAD, La Declaración de París (2005). Disponible en: http://www1.worldbank.org/harmonization/Paris/ParisDeclarationSpanish.pdf |
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