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¿Qué se necesita para conseguir una vacuna preventiva del SIDA?
Autor: Laia Ruiz Mingote
 

En los últimos meses han habido varias manifestaciones de personalidades del mundo científico de todo el mundo que ponían en duda la posibilidad de encontrar una vacuna preventiva para el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH). La liebre saltó con la súbita interrupción del ensayo de fase IIB de una candidata de Merck, la MRKAd5, por falta de eficacia el pasado mes de septiembre. Desde entonces, se han alzado varias voces alertando de la imposibilidad de encontrar una vacuna eficaz para prevenir la infección por VIH. Sin embargo, sigue el trabajo y la investigación porque también son muchos las personas que opinan que sí es posible.

Cuando empezó la epidemia del SIDA, hace 26 años, los científicos anunciaron que habría una vacuna en diez años. Este plazo se ha ido retrasando ante la complejidad del VIH, un virus que muta fácilmente y que ataca directamente nuestro sistema inmunológico. Sin embargo, y pese a las manifiestas dificultades, existen evidencias de que una vacuna, al menos parcialmente eficaz, es posible. Existen casos documentados de personas que, habiendo estado en contacto con el virus, no se han infectado. Como también existen las personas no progresoras a largo plazo que son capaces de mantener la carga viral a niveles indetectables durante decenios sin necesidad de medicación. Asimismo, ha habido estudios en macacos con vacunas candidatas que han evitado la infección de los sujetos.

Entonces, ¿por qué es tan difícil?
La dificultad a la hora de abordar la infección por VIH proviene de dos partes: primero, la complejidad del propio virus. La segunda, nuestro sistema inmunológico, del que conocemos muy poco. El primer contacto del VIH con nuestro sistema inmune suele ocurrir en las mucosas del tracto genital. Y estas mucosas han desarrollado un sistema de protección único que nos protege de los gérmenes durante miles de años.

Las candidatas actualmente en estudio (30 prototipos están actualmente en ensayo clínico) utilizan la estrategia de estimular las células T+CD8 que serían capaces, a priori, de evitar la infección. Pese a ello, la estimulación es tardía y estas células son incapaces de detener el avance de la infección en las mucosas hasta los nódulos linfáticos y tejidos.

Otra de las estrategias posibles es fomentar la producción de anticuerpos específicos para el VIH. Pero esto también tiene sus dificultades: los investigadores desconocen qué anticuerpos son necesarios ni los marcadores que hay que buscar para saber si, efectivamente, funciona una candidata. Igual que en el caso de las células T, la estimulación de anticuerpos requiere tiempo. Pero para que una vacuna sea efectiva la producción masiva debería ocurrir en las siguientes seis horas de la exposición. Para evitar la infección por VIH sería necesaria una respuesta rápida, global y contundente. Como la que algunas personas experimentan ante una picada de insecto o algún alimento. Esta respuesta se debe a la inmunidad innata de las personas, un área poco estudiado por los equipos de investigación y que sin embargo puede ser una estrategia óptima para desarrollar vacunas.

Desde la aparición del VIH, el virus ha estado en constante estudio y es uno de los patógenos mejor conocidos. No pasa lo mismo con nuestro organismo. ¿Cómo funciona el sistema inmunológico en nuestras mucosas? ¿Qué anticuerpos pueden combatir la infección por VIH? ¿Cómo interactúan el virus y nuestro organismo? Éstas y otras dudas son las que han hecho que numerosos científicos planteen la necesidad de volver a la ciencia básica para mejorar el diseño de futuras candidatas a vacunas preventivas del sida. Para ello, han surgido varias iniciativas que tienen la intención de aunar esfuerzos y así, dar un salto cualitativo en la investigación de vacunas. Uno de estos ejemplos es la reunión del próximo 25 de marzo en Bethesda, Maryland, donde varios investigadores van a tener un encuentro de un día para definir las prioridades actuales en el campo de vacunas.

Sin embargo, no todo son malas noticias. Mientras aún resuena el eco del fracaso de la vacuna de Merck, siguen los esfuerzos para encontrar una vacuna y se publican nuevos datos. Este es el caso de la vacuna desarrollada por el Grupo de Poxvirus y Vacunas del Centro Nacional de Biotecnología, del CSIC, dirigido por el Dr. Mariano Esteban y por EuroVacc. La vacuna se ha mostrado segura en humanos (ensayo de Fase I con 40 voluntarios) y ha despertado una respuesta inmunológica frente al virus. Esta vacuna, en formato aerosol y basada en la que fue capaz de erradicar la viruela como vector para hacer llegar más rápido el VIH a los nódulos linfáticos y así despertar rápidamente la respuesta inmune, es una muestra más de que siguen los esfuerzos para mitigar el impacto del VIH en el mundo.

Está claro que se necesitan más ensayos clínicos y más estudios de ciencia básica para que la vacuna llegue por fin. Los esfuerzos no han disminuido, sino aumentado. Pese a las voces que dicen que la vacuna no es posible, otras muchas animan a continuar con el esfuerzo: “Siendo brutalmente honesto con nosotros mismos tenemos que dejar abierta la posibilidad de que nunca tengamos una vacuna efectiva del VIH. La gente tiene miedo de decirlo porque podría indicar entonces que nos rendimos. No nos rendimos. Vamos a dar impulso a la investigación con energía y fuerza como siempre hemos hecho. Pero hay una posibilidad –una posibilidad clara y concisa- de que este sea el caso”. (Dr. Anthony Fauci, director de los Institutos Nacionales de Alergia y Enfermedades Infecciosas, EUA).


Fuente
CATIE News - The elusive AIDS vaccine por Sean R. Hosein
Elaboración propia

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