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Elecciones del 9 de marzo. Nueva coyuntura para la incidencia de la sociedad civil en la política de cooperación para el desarrollo
Autor: Ernest Aibar
 

Las elecciones del 9 de marzo han dado la victoria al PSOE, que gobernará el Estado hasta el 2012 con Zapatero a la cabeza del Ejecutivo y una mayoría (simple) de 169 escaños en el Congreso de los Diputados. Por su parte, el PP ha obtenido 153 escaños y el resto de fuerzas políticas, un total de siete partidos, se llevan 28 escaños. Delante del nuevo escenario surgen algunas cuestiones relevantes para los intereses de la sociedad civil organizada: ¿ha sido la solidaridad internacional un elemento clave de la campaña electoral?, ¿se prevén cambios en la configuración de las políticas de cooperación para el desarrollo?, ¿afectará el bipartidismo al trabajo de la sociedad civil en el Congreso de los Diputados?, ¿qué retos y oportunidades plantea la nueva coyuntura política?

El pasado 9 de marzo se celebraron elecciones legislativas en el Estado español. Antes de entrar en la disección de los resultados y analizar los retos y oportunidades que avecina la nueva coyuntura política, resulta conveniente exponer la realidad de la campaña electoral: los temas en liza de los discursos y programas de los partidos políticos y el protagonismo de la cooperación al desarrollo y la salud mundial en el proceso.

De forma previsible, la solidaridad internacional no estuvo en el centro del debate político. Si bien nunca ha sido un tema de centralidad política, la cooperación internacional para el desarrollo había aparecido de una forma u otra en los debates electorales, especialmente en los discursos de la izquierda: recordemos las demandas del 0,7 o la campaña para la condonación de la deuda externa. Como fuere y relegados a un costado del espectro dialéctico, los temas relacionados con la cooperación para el desarrollo se han conformado en aparecer en los epígrafes de los programas electorales sin espacio relevante en las declaraciones públicas. La campaña electoral se ha librado en clave interior, principalmente por los fantasmas de la recesión económica. Otros elementos pueden explicar la escasa presencia de la cooperación para el desarrollo en la campaña electoral, como la notable implicación del Gobierno del PSOE en la materia en los pasados cuatro años, haciendo las proclamas a favor de la solidaridad internacional poco rentables para los otros partidos, o la pérdida de interés de la ciudadanía por esta temática.

El PSOE revalida la victoria en las elecciones y obtiene una mayoría significativa (aunque simple) de escaños en el Congreso de los Diputados (169). José Luís Rodríguez Zapatero será el Presidente del Gobierno durante cuatro años más. Esto sugiere, por lo que atañe a la acción de Gobierno venidera, cierta idea de continuidad respecto las políticas desarrolladas en la pasada legislatura. En este sentido, la previsión es que la política de cooperación para el desarrollo siga ocupando un espacio destacado en la acción exterior del Gobierno de Zapatero y que la mejora de la salud mundial siga representando uno de los hitos de esta política.

Se prevé cierta continuidad en la política de cooperación para el desarrollo del nuevo Gobierno del PSOE. Los compromisos contraídos en la pasada legislatura tendrán ahora que alcanzarse: por ejemplo, la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) deberá representar el 0,7% del PIB para el año 2012. Además, en el programa electoral del PSOE se aprecia la voluntad de seguir profundizando en la política de cooperación para el desarrollo, destacando la necesidad de mejorar la coherencia y coordinación entre los actores implicados, así como también mejorar la participación de la sociedad civil en la política. El programa electoral contempla seguir el proceso de reorientación de la AOD española hacia África y los países menos avanzados para, entre otras cuestiones, mitigar el impacto de enfermedades como el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis en los países más afectados.

Es interesante resaltar el alto grado de consenso que tienen los temas de cooperación para el desarrollo entre los diferentes partidos políticos. El PP, principal partido de la oposición al que las elecciones han dado un número de 153 escaños, por regla general se ha sumado a las iniciativas en materia de cooperación para el desarrollo y salud mundial realizadas por el Gobierno u otros grupos parlamentarios en la pasada legislatura y ha impulsado también iniciativas propias. El PP introduce la cooperación para el desarrollo en su programa electoral: expresa el compromiso de alcanzar el 0,7% el 2012, avanzar en la calidad y transparencia de la política, el diseño de un nuevo Plan África y, respecto a la salud mundial, mitigar el impacto del VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis y aumentar las ayudas a las investigaciones biomédicas.

Se observa cómo los partidos mayoritarios PSOE-PP obtienen entre los dos 322 de los 350 escaños de que dispone el Congreso de los Diputados. Su peso ha crecido tras las elecciones del 9 de marzo y, como contrapartida, el resto de fuerzas políticas disminuyen de forma general su representación en el Congreso. La bipolarización del Parlamento supone que la presencia de los partidos mayoritarios se extienda en todas las comisiones y órganos parlamentarios en detrimento de otros partidos: sólo CiU y PNV, con 11 y 6 escaños, tendrán un grupo parlamentario propio (a parte de PSOE y PP) que podrá participar en las comisiones parlamentarias de forma independiente; por su parte ERC (3 escaños), IU-ICV (2), BNG (2), CC (2), NaBai (1) y UPD (1) no podrán formar grupo parlamentario por ellos mismos y se tendrán que sumar al grupo mixto teniendo que repartirse entre todos la participación en las diferentes comisiones.

Para la sociedad civil organizada, los efectos de la bipolarización del Congreso representan un desafío importante. El debate político se verá reducido a las divergencias entre el PSOE y el PP, perdiendo el Parlamento un grado de heterogeneidad y diversidad de posturas, propuestas e ideas políticas. Más allá de este elemento, el juego parlamentario se podría ver mermado por la bipolarización y, de esta manera, se reducirían las posibilidades de incidir políticamente en el Congreso de los Diputados. En cambio, este desafío puede abrir una ventana de oportunidades: el hecho que los partidos mayoritarios ganen peso político y que se reduzca el número de grupos parlamentarios podría facilitar los contactos con éstos: se supone que PSOE y PP van a ampliar sus capacidades para atender las demandas de la sociedad civil en el Congreso de los Diputados. Puede ser mucho suponer…

Otra lectura del resultado de las elecciones nos lleva a la mayoría simple conseguida por el PSOE. Este partido no ha logrado mayoría absoluta y por lo tanto necesitará el apoyo de otros partidos para aprobar leyes y legitimar o supervisar la acción gubernamental. Para la aprobación de leyes como los Presupuestos Generales del Estado o el control de la acción de Gobierno como la ratificación del Plan Director de la Cooperación para el Desarrollo o los Planes Anuales de Cooperación Internacional, está garantizado el juego político. El PSOE necesitará alianzas con otros partidos y aquí encontramos una brecha de entrada para la sociedad civil organizada. En la pasada legislatura, por ejemplo, grupos como CiU, IU-ICV, ERC y NaBai presentaron iniciativas parlamentarias o controlaron la acción del Gobierno, algunas veces en alianza con las ONG, gracias a que tenían peso político por la mayoría simple del PSOE.

La implicación de estos partidos, aliados potenciales del Gobierno y capacitados para realizar propuestas en la próxima legislatura, con la cooperación internacional para el desarrollo y la mejora de la salud mundial es destacada. Son prueba de ello las actividades e iniciativas en defensa de las vacunas del SIDA, los microbicidas o nuevos instrumentos financieros para acelerar la I+D en productos de salud, que dichos partidos han llevado a cabo en el pasado. Además, en sus programas electorales expresan la necesidad de aumentar la calidad y la cantidad de la AOD española. CiU defiende, por ejemplo, una visión integral de la prevención del VIH y la promoción de vacunas y microbicidas; por su parte, IU defiende la creación de un Ministerio de Cooperación para el Desarrollo desligado del Ministerio de Asuntos Exteriores y ICV defiende también una estrategia comprehensiva en la prevención del VIH, el aumento de los fondos para mitigar el impacto del VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis, que la salud represente el 15% de los fondos de la AOD española o que se amplíen las contribuciones a partenariados público-privados.

Las elecciones del 9 de marzo han generado un nuevo escenario para incidir en la política de cooperación para el desarrollo. La sociedad civil organizada puede aprovechar las oportunidades que surgen de la nueva coyuntura política y utilizar el recompuesto Congreso de los Diputados como altavoz, plataforma e instrumento para influir en la agenda de la cooperación española. Resultará oportuno sortear los desafíos que presenta el bipartidismo del Parlamento y encontrar nuevos aliados para introducir temas en el debate político.

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