La malaria, como otras enfermedades, es capaz de superar a los medicamentos que la tratan, con la aparición de mutaciones que dificultan o imposibilitan la curación de las personas afectadas. Recientemente, se han registrado casos de malaria superresistente inmune a todos los tratamientos actuales, que de extenderse tiraría por la borda años de trabajo en el control de la enfermedad.
Cómo se explicaba en el artículo Ante las resistencias, nuevos fármacos II, cuando hablamos de resistencia en la malaria se distingue entre dos tipos: la resistencia del parásito plasmodium a fármacos; y la resistencia del mosquito transmisor del parásito a los insecticidas utilizados para su control. Hay más posibilidades de aparición de resistencias a cualquiera de los fármacos antimaláricos si la persona es tratada con monoterapia. Esto sucede porque el parásito tiene más facilidad para adaptarse y superar la acción de un único medicamento que por una combinación de fármacos. De ahí que, en los últimos años, la estrategia de prevención y control de la malaria se haya centrado en reducir y eliminar el uso de monoterapia y extender la utilización de terapia combinada con artemisinina (TCA) en todos los casos de malaria falciparum que se presente sin complicaciones.
La artemisinina es actualmente el antimalárico más eficaz. Este medicamento proviene del ajenjo dulce y los herbolarios chinos llevan más de 1.500 años utilizándolo para tratar la malaria. Sin embargo, recientemente se han detectado personas con malaria que, pese a recibir TCA, no han conseguido superar la enfermedad. La resistencia a fármacos de la malaria es una mutación genética que le permite sobrevivir al efecto de los tratamientos para tratarla y curarla. En este caso, como en los otros, el parásito empezó siendo resistente primero a la cloroquina y luego a la sulfadoxina- pirimetamina y a la mefloquina. Estos medicamentos fueron utilizados durante años en monoterapia, lo que ayudó a la aparición de resistencias en el parásito. Además de a estos fármacos, los compuestos basados en la artemisinina empiezan a no tener efecto ante un tipo de malaria superresistente registrado en la frontera de Camboya y Tailandia.
La malaria es la principal causa de muerte en menores de cinco años, suponiendo el 8% del total de defunciones en esta franja de edad en todo el mundo y el 18% cuando hablamos del África subsahariana. Así, para conseguir alcanzar el Cuarto Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM 4), que es reducir en dos terceras partes la mortalidad en niños y niñas menores de cinco años, es esencial acotar los efectos de esta pandemia. Esta realidad ha llevado a aumentar significativamente los esfuerzos para controlar la malaria en los últimos diez años. Este trabajo continuo, basado en la extensión de la TCA, efectiva en el 90% de los casos, ha ayudado a rebajar las tasas de infección en numerosos países. La aparición de un tipo de malaria superresistente a fármacos es preocupante puesto que pone en jaque los éxitos conseguidos y la consecución del ODM 4.
A los esfuerzos de la OMS para controlar la pandemia, en concreto este brote de malaria superresistente, se ha unido la aportación de la Fundación Bill y Melinda Gates de 22,5 millones de dólares. Con esta financiación se esperan conseguir varios objetivos importantes: eliminación de todos los parásitos tolerantes a la artemisinina a través de la detección de todos los casos de malaria de la zona y asegurar el tratamiento eficaz para los mismos; reducción de la exposición del parásito a la artemisinina para limitar la resistencia emergente; prevención de la transmisión de malaria superresistente a través del control de plagas y la protección de las personas –mosquiteras; limitar la difusión de este tipo de malaria en poblaciones nómadas; apoyo a la contención y eliminación de parásitos tolerantes a la artemisinina a través de un cambio de comportamiento comprehensivo, comunicación, movilización comunitaria y cabildeo; aumentar el conocimiento sobre este tipo de malaria y asegurarse de que las estrategias aplicadas se basan en la evidencia; y proveer de dirección efectiva, supervisión y coordinación para asumir una estrategia rápida y de alta calidad.
Nuevamente aparece en escena una farmacorresistencia que dificulta la consecución de objetivos relacionados con el desarrollo de países y zonas en desarrollo. El hecho de que hayan pasado años desde la última comercialización de un fármaco útil y que, por tanto, el arsenal de medicamentos disponibles se esté quedando pequeño hace que aún sea más difícil trabajar para controlar y revertir el impacto de una pandemia, en este caso la malaria. Es necesario, pues, controlar la expansión de este tipo de malaria superresistente. Pero también es necesaria una inversión a largo plazo que pasa por la investigación de nuevos tratamientos eficaces, universalmente accesibles, seguros y capaces de actuar ante cualquier subtipo de la enfermedad; en nuevos sistemas diagnósticos más rápidos y que puedan detectar los casos de farmacorresistencia; y romper la cadena de nuevas infecciones a través del control de plagas y la I+D de una vacuna preventiva realmente eficaz y accesible.
Bibliografía:
Paludismo. Organización Mundial de la Salud. Última visita 5 de marzo de 2009. http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs094/es/index.html
Drug resistance in malaria, por Peter B. Bloland. 2001. Última visita 5 de marzo de 2009. http://www.who.int/malaria/cmc_upload/0/000/015/040/bloland.html
Drug resistance could set back malaria control success. World Health Organization. 25 de febrero de 2009. Última visita 5 de marzo de 2009. http://www.who.int/mediacentre/news/releases/2009/malaria_drug_resistance_20090225/en/index.html
Alerta por una cepa de malaria superresistente. El País, Emilio de Benito. 26 de febrero de 2009. Última visita 5 de marzo de 2009. http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Alerta/cepa/malaria/superresistente/elpepusoc/20090226elpepusoc_12/Tes
Artemisinin, Medicines for Malaria Venture. Última visita 5 de marzo de 2009. http://www.mmv.org/rubrique.php3?id_rubrique=128
|