La sostenibilidad y la eficacia son dos puntos clave cuando se habla de cualquier iniciativa creada para mejorar la salud a través de la ayuda al desarrollo. Se necesita sostenibilidad de fondos a largo plazo, pero también asegurar que el dinero es empleado eficazmente para responder a los desafíos que se plantean. Apostar por la Investigación y Desarrollo en productos biomédicos es un compromiso de futuro con ambos aspectos.
El caso del Fondo Mundial de lucha contra el VIH/SIDA, tuberculosis y malaria, que se reúne en Cáceres a finales de este mes, es un buen ejemplo precisamente en un momento en el que la continuidad de su misión se ve amenazada por la falta de financiación. Según cálculos del propio fondo, existe una brecha de al menos 5.000 millones de dólares para el 2009 y 2010 para poder seguir apoyando aquellos que están dando buenos resultados y emprender nuevos.
Esta falta de financiación tiene diversas causas, como por ejemplo el no cumplimiento de los compromisos suscritos por parte de algunos países donantes. También el éxito que están teniendo los programas del Fondo Mundial así como el agravamiento de la situación en muchos países por el avance de las tres pandemias ha hecho que aumenten las peticiones de financiación por parte de los países receptores, generando una brecha entre lo que se tiene y lo que se necesita.
Lograr que los países aumenten sus compromisos económicos pese a la crisis financiera es una vía y, en este sentido, las ONG españolas han pedido al Gobierno español que incremente en 100 millones de dólares su actual compromiso para 2008-2010. Pero visto el avance de las tres pandemias en las que trabaja el Fondo Mundial, es difícil pensar que se vayan a estabilizar las necesidades por lo que es más que probable que esta brecha de recursos reaparezca.
Es el momento de apostar por la I+D: invertir ahora para que en unos años (pocos, en algunos casos) tengamos a la mano nuevos productos que nos permitan mejorar nuestra respuesta ante los desafíos en salud, incidiendo directamente en la eficacia de los programas financiados por el Fondo Mundial y, en consecuencia, asegurando su sostenibilidad.
Por ejemplo, en la actualidad se están desarrollando nuevos tratamientos para la tuberculosis que permitirían reducir considerablemente la duración de la terapia y que serían compatibles con la terapia antirretroviral para las personas co-infectadas con VIH y facilitarían el tratamiento de los casos de TB farmacoresistente. Ello permitiría aumentar la adherencia al tratamiento, previniendo el desarrollo de resistencias al tratamiento, abarataría costos y evitaría el avance del VIH durante la terapia.
Lo mismo ocurre en el terreno de nuevos diagnósticos (identificar antes y mejor la enfermedad optimiza la capacidad de respuesta) y en el ámbito de la prevención con el desarrollo de vacunas de la TB y del VIH/SIDA o de microbicidas (VIH/SIDA) que evitarían millones de nuevas infecciones y por lo tanto afectaría a la demanda de tratamientos en el futuro.
Por lo tanto, si bien el Fondo Mundial se centra en productos ya existentes, es fundamental que los países donantes reunidos en Cáceres tomen conciencia de la importancia de apostar ahora por la I+D para que un mecanismo de financiación que ellos mismos apoyan y defienden pueda contar en un futuro no tan lejano con mejores herramientas que permitan controla y erradicar las tres pandemias de una manera más eficaz y a un coste menor. En definitiva, invertir ahora para ahorrar en el futuro.
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