Mitigar el impacto de las pandemias: una urgencia para el desarrollo global
Las llamadas pandemias de la pobreza, el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis, provocan anualmente 6 millones de muertes, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En 2007 más de 30 millones de personas vivían con VIH en todo el mundo y cada día se ocasionaron, según datos de ONUSIDA, unas 7.000 nuevas infecciones, el 95% en África y Asia. La tuberculosis, que es la principal causa de muerte entre las personas con VIH, provoca 5.000 defunciones diarias y los brotes de TB resistente a los fármacos, MDR y XDR (multi-drug resistant y extremly drug resistant TB) se están extendiendo en los últimos años: la mortalidad de las personas infectadas por XDR TB, casi siempre coinfectadas por el VIH, es cercana al 100%. Por su parte, la malaria causa más de 300 millones de casos de enfermedad y al menos 1 millón de muertes cada año: en África subsahariana se calcula que la malaria mata a un niño cada 30 segundos.
El denominador común de estas enfermedades es que su tasa de incidencia es mucho mayor en países en vías de desarrollo. Por una parte, la pobreza es un factor determinante en la propagación de las pandemias. Por otra, las regiones con mayor prevalencia ven mermada su capacidad de producir riqueza como consecuencia de la reducción del número de personas en edad productiva por el impacto social del VIH/SIDA, la malaria y la TB.
Este panorama requiere una respuesta comprehensiva e inmediata. Para suavizar el impacto de las enfermedades de la pobreza es una buena estrategia promover el desarrollo y dotar de capacidades estructurales a los países más afectados: por ejemplo, el fortalecimiento institucional de los sistemas públicos de salud puede ser una acción determinante en este sentido. También es necesario trabajar para que el acceso universal de los productos de salud existentes sea una realidad. Y, finalmente, parece ineludible promover la mejora de las opciones de prevención, diagnóstico y tratamiento para las tres pandemias.
El porqué de la investigación en nuevas tecnologías de la salud
Los productos de salud para el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis se han mostrado, cuanto menos y en muchas ocasiones, poco efectivos. En el caso del VIH/SIDA, a pesar del impacto planetario de la pandemia, existe hoy en día un solo método probado para prevenir a las personas de la enfermedad: el preservativo. Los 7.000 casos de nuevas infecciones diarias muestran que el condón no es suficiente y que necesitamos ampliar el abanico de opciones al alcance de las personas para prevenir el VIH. Resulta crucial investigar y desarrollar nuevas tecnologías de la prevención del VIH, como las vacunas del SIDA, la profilaxis pre-exposición y los microbicidas, que, junto al preservativo, puedan dar respuesta a la enfermedad y reviertan el ciclo de nuevas infecciones. Por poner otro ejemplo, para la tuberculosis se utiliza una vacuna muy poco eficaz descubierta en los años veinte del siglo pasado, la BCG, y el tratamiento para las personas infectadas, descubierto hace más de 30 años, se basa en una combinación de cuatro fármacos durante un periodo de hasta nueve meses con numerosos efectos secundarios. Una vacuna realmente efectiva para la TB sería una herramienta crucial para revertir el impacto de la epidemia y el desarrollo de nuevos fármacos simplificaría y reduciría el tiempo del tratamiento, mejorando la calidad de vida de las personas infectadas y evitando la creación de brotes de tuberculosis resistente a los medicamentos.
Son estos ejemplos los que muestran la necesidad de investigar y desarrollar nuevos y mejores productos de salud seguros, eficaces y universalmente accesibles para detener el avance del VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis. Porque las herramientas de salud existentes y al alcance de las personas son claramente insuficientes y poco eficaces. Y es que los esfuerzos para desarrollar nuevos productos se ven mermados porque la mayor parte de su potencial demanda se encuentra en países en vías de desarrollo. Los agentes que investigan, desarrollan y sobre todo producen (a gran escala) nuevas tecnologías de la salud son generalmente empresas privadas que no se ven atraídas por un mercado con pocas garantías de éxito. Sin embargo, es necesario mejorar las opciones de prevención, diagnóstico y tratamiento para todas aquellas personas que las necesitan y así dar respuesta y mitigar el impacto de las pandemias , una condición inexcusable para el éxito del desarrollo humano, social y económico en todo el mundo.
Instrumentos para el fomento de la I+D en salud
Actualmente juegan un papel muy importante las iniciativas de la sociedad civil, los gobiernos y las organizaciones de las Naciones Unidas para fomentar y acelerar la investigación biomédica alrededor de las enfermedades de la pobreza. Encontramos políticas de empuje o push, que financian directamente la investigación, y políticas de atracción o pull, que incentivan a los desarrolladores de productos mediante el fortalecimiento de los mercados de los países en desarrollo.
Entre los instrumentos de empuje (push) para acelerar la investigación y desarrollo de productos de salud se encuentra la financiación de centros de investigación públicos, universidades o institutos científicos, para que centren parte de sus estudios en las enfermedades de la pobreza. Otro modelo está formado por los Partenariados Público Privados para el Desarrollo de Productos (Product Development Public-Private Partnerships, PDPPP), como el Partenariado Internacional para los Microbicidas (IPM, en inglés) o Aeras, la Fundación Mundial para una Vacuna de la TB. Estas iniciativas, asociaciones sin ánimo de lucro, trabajan para dirigir fondos de gobiernos y fundaciones filantrópicas hacia la investigación biomédica. A través de acuerdos con compañías farmacéuticas, los PDPPP no sólo aceleran la investigación y garantizan la producción a gran escala de nuevas tecnologías de la salud sino que también garantizan el compromiso, velado por los gobiernos contribuyentes, de eliminar las patentes de los productos o venderlos a precios asequibles para así garantizar que éstos, una vez descubiertos, sean accesibles universalmente.
Otra característica de muchos PDPPP es que trasladan los centros de investigación a los países más afectados por el VIH/SIDA, la malaria y la tuberculosis y, de esta manera, también trabajan para promover el desarrollo socioeconómico de estos países. La Iniciativa Internacional para las Vacunas del Sida (IAVI, en inglés), por ilustrar otro caso, dispone de 11 centros de investigación, entre la India y cinco países de África subsahariana, que desarrollan estudios y realizan ensayos clínicos. Los beneficios de estas actuaciones no sólo llegan a las personas que participan en los ensayos clínicos (por recibir atención y cuidados médicos), según el Dr. Pontiano Kaleebo, principal investigador del Instituto de Investigación de Uganda sobre el Virus, sino que el modelo de IAVI contribuye a la capacitación local y regional (creaciones de redes de colaboración científica sur-sur) en salud pública y en investigación con efectos positivos a corto y a largo plazo. Además, los ensayos clínicos se ven acompañados de campañas educativas sobre la transmisión y prevención del VIH y en contra del estigma y la discriminación a través y en colaboración de las comunidades locales, con el consiguiente beneficio para el conjunto de la sociedad.
Respecto a los instrumentos de atracción (pull), también encontramos un amplio abanico de posibilidades. Existen mecanismos de ingeniería financiera, como los Compromisos de Mercado por Adelantado (AMC, en inglés): los países contribuyentes garantizan los fondos necesarios para financiar la compra, a un precio asequible, de vacunas todavía no existentes, por parte de los países en desarrollo más afectados por enfermedades como la malaria o la tuberculosis, u otras; garantía que serviría para estimular una carrera competitiva entre las empresas para desarrollar la mejor vacuna posible. Por otro lado, la Alianza Mundial para las Vacunas y la Inmunización (GAVI, en inglés) o el Fondo Mundial contra el Sida, la malaria y la TB, son asociaciones que fortalecen las redes de distribución de productos de salud ya existentes, promoviendo el acceso universal y consecuentemente, aunque de forma indirecta, fortaleciendo los mercados de los países en desarrollo para atraer también a los desarrolladores de productos.
La apuesta de las políticas de desarrollo españolas por la investigación
Es encomiable el salto cualitativo de la política española de cooperación para el desarrollo en los últimos años. También en el sector salud los esfuerzos han sido destacables y no menospreciable la apuesta de la SECI y la AECI, así como el Ministerio de Sanidad y Consumo, por la investigación y desarrollo de nuevas opciones para responder al VIH/SIDA, la malaria y la TB. Podemos poner el ejemplo de las contribuciones de 1,5 millones de euros para IPM y 3 millones de euros para IAVI que el Gobierno ha desembolsado en 2008 o el compromiso de participar en el futuro proyecto de AMC, sea éste para las vacunas de la malaria o de la TB.
Aun así, todavía es largo el camino por recorrer. Según un estudio del Grupo de Acción en Tratamientos (TAG) Analysis of TB funding trends (2008) son necesarios 2.000 millones de dólares anuales para adecuar la I+D en tuberculosis a las necesidades para responder a la enfermedad. En 2007 la movilización de recursos mundiales para financiar la I+D en TB no alcanzó los 500 millones de dólares. Siguiendo con este análisis, entre el listado de inversores de la investigación en TB no aparece España.
Y es que las energías de la política española de desarrollo para fomentar la I+D en salud resultan, hoy por hoy, algo insuficientes para mitigar el impacto de las pandemias. El borrador del Plan Director de la Cooperación Española (2009-2012) introduce la investigación en y sobre el desarrollo como una línea estratégica elemental. Valdrá comprobar si en el periodo que se avecina se implementan estos objetivos y España fortalece su apuesta por la investigación de nuevas tecnologías de la salud con carácter de bienes públicos globales, equiparando estas acciones al fortalecimiento de los sistemas públicos de salud o a las donaciones a organismos como el Fondo Mundial y aprovechando las ventajas comparativas que España podría tener en este campo.
Bibliografía
Analysis of TB funding trends, Grupo de Acción en Tratamientos (2008).
A boost for African Science, Iniciativa Internacional para las Vacunas del Sida (2008).
Entender los beneficios y los riesgos de participar en una investigación clínica en VAX: boletín sobre vacunas contra el Sida (2006).
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