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Hacia una tasa financiera sobre el cambio de divisas para la salud global
Autor: Gabriel Boichat

 

Son muchas las voces que defienden la necesidad de nuevos mecanismos de financiación de la ayuda que permitan reducir y cerrar una brecha entre las necesidades y los recursos ya existentes, que se ha agravado con la reciente crisis económica mundial. Esta brecha financiera es especialmente grave en el sector de la salud global en el que, según la OMS, se calcula que hacen falta 18,5 mil millones de euros adicionales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM). Una tasa financiera sobre el cambio de divisas es la apuesta de una campaña mundial integrada por ONG que trabajan por la salud global.

La idea de nuevos mecanismos de financiación no es nueva como lo demuestra la existencia de los Compromisos Avanzados de Mercado (AMC, en sus siglas en inglés), el fondo UNITAID o el Fondo Internacional para infraestructura de inmunización (IFFIm, en sus siglas en inglés), entre otros. El objetivo general es obtener fondos adicionales que permitan cubrir las necesidades existentes en salud de manera previsible, suficiente y sostenible en el tiempo.

La apuesta de un amplio grupo de ONG en salud global, como Results o la Campaña de Acceso a Medicamentos de Médicos Sin Fronteras, y de economistas es la Currency Transaction Levy (CTL - tasa financiera sobre el cambio de divisas), un mecanismo que grava con un porcentaje todas las transacciones de cambio de moneda que se haga hacia una divisa (por ejemplo, dólares a euros, o yenes a euros). El porcentaje propuesto es 0,005% de cada transacción, un valor escogido con cuidado para que no “distorsione” el mercado, algo crucial según los economistas, para que sea viable. Si se tiene en cuenta que durante el 2007 el valor de todas las transacciones fue de 3,2 millones de billones de dólares por día, se calcula que se recaudaría entre 33 y 60 mil millones de dólares por año si la CTL se aplicara en las principales divisas (dólar, euro, libra esterlina y yen). Si se aplicara solamente al dólar, se obtendría unos 28 mil millones de dólares anuales.

En un encuentro celebrado en Ámsterdam el pasado 5 de diciembre para definir la estrategia de la campaña, las ONG y economistas que apoyan esta iniciativa explicaron que su implementación es técnicamente posible, sencilla, segura y sensata. Por una parte, el mercado financiero está totalmente informatizado, por lo que su implementación técnica sería sencilla y barata, una opinión compartida por el informe del Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre Financiación Innovadora para Sistemas de Salud con aportaciones del Banco Mundial. Este grupo tiene como objetivo el identificar mecanismos de financiación innovadores para fortalecer los sistemas de salud de los países más pobres.

Por otra parte, el porcentaje de impuesto que se propone (0,0005%) es demasiado pequeño para alterar los procesos de toma de decisiones en los mercados. Y, finalmente, el precedente de UNITAID ejemplifica que es posible tener una tasa (en este caso nacional) que se invierta en bienes públicos.

El informe del Grupo de Trabajo también afirmaba que la mayor barrera sería la voluntad política de los gobiernos. Sin embargo, esta situación también ha cambiado. La crisis económica, propiciada en gran parte por el sistema financiero, ha cambiado la convicción de que los mercados se regulan por sí mismos y su capacidad por ajustar sus errores. De ahí que haya una demanda de mayor control y, sobre todo, un coto a los desmesurados beneficios que se han producido (y se siguen produciendo en muchos casos) en los últimos años en el sector.

Este contexto ha propiciado que diversos líderes mundiales como el presidente francés, Nicolas Sarkozy, la canciller alemana Angela Merkel, la presidenta del Congreso de EE UU, Nancy Pelosi y, sobre todo, el primer ministro británico, Gordon Brown, busquen impulsar impuestos sobre las transacciones financieras, el único sector que a día de hoy no está sujeto a ningún impuesto. El tema se ha tratado en la pasada reunión del G-20 en Pittsburgh y está previsto que vuelva a la agenda en las reuniones del G-8 y G-20 que tendrán lugar en Canadá el próximo verano.

Como era de esperar, esto ha suscitado un creciente interés por las tasas financieras hasta el punto de que economistas en las antípodas de la izquierda defiendan una tasa Tobin, concepto defendido por los movimientos de izquierda, en especial la organización francesa Attac. Se pueden consultar algunos ejemplos de este debate aquí, aquí y aquí.

El caso que aquí nos ocupa es un tipo de tasa financiera, pero conviene recordar que no se aplicaría a todas las transacciones, sino exclusivamente cuando se hagan cambios de divisas. De ahí que, para evitar confusiones, es importante precisar que no se trata de la tasa Tobin.

Siguientes pasos

El contexto favorable a tasas financieras ha acelerado los acontecimientos para la CTL y, por ejemplo, países como Francia y Bélgica han hecho cambios legales para hacer posible la incorporación de una CTL que, en todo caso, no harán hasta que el resto de países de la eurozona hagan lo propio. Otro impulso ha sido la creación en el 2008 del Grupo de Trabajo de Alto Nivel sobre Financiación Innovadora para Sistemas de Salud, liderado por Gordon Brown y el Presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. Como se ha dicho anteriormente, este grupo ve con buenos ojos la implementación de una CTL cuyas ganancias se inviertan en la salud global.

Existe por lo tanto un movimiento general favorable a una tasa financiera sobre los cambios de divisas para la salud global, creciente sobre todo en el ámbito político. Sin embargo, quedan muchas preguntas por responder todavía. Por ejemplo, determinar si el dinero adicional que se recaude deba ser computado como adicional a los compromisos adquiridos por los países, como el alcanzar el 0,7% del PIB para la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), o que esté incluido en la AOD. La campaña mundial apuesta por que sean adicionales, pero algunos gobiernos pueden querer optar por la otra vía.

También será fundamental determinar cómo se invierten los recursos obtenidos y en qué mecanismos. Cubrir las deficiencias de financiación en salud es crucial para alcanzar los compromisos que hemos adquirido, pero la experiencia también muestra que también es importante determinar si los recursos son gastados de forma eficaz.

Todavía queda mucho por definir y mucho recorrido. Sin embargo, la posibilidad de contar con un nuevo mecanismo de financiación seguro, suficiente y sostenible en el tiempo que ayude a cerrar la brecha existente entre las necesidades y los recursos existentes en salud no debe ser desaprovechada. El papel de la sociedad civil es el de asegurarse de que llegue a buen puerto y de que se adecúe a las necesidades existentes.

Para más información:
www.stampoutpoverty.org
www.aidsalliance.org
www.icssupport.org
http://www.stampoutpoverty.org/download.php?id=392


 

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