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Un lugar para la esperanza
Crónica de la visita a Kar Genu, Kisumu (Kenia)
Autor: Gabriel BoichatGabriel Boichat

 

Uno de los mayores riesgos de trabajar como activistas desde ciudades como Barcelona o Madrid, es el de perder el hilo que nos une con aquellas personas para las que realmente trabajamos: aquellas que viven o están en riesgo de adquirir el VIH. África, el continente que junto con Asia, soporta el 95% de las nuevas infecciones por VIH está en la puerta de al lado, pero aún así el laberinto de la rutina diaria nos puede hacer perder de vista el objetivo final. Si esto ocurre, se pierde la razón de ser original de nuestro trabajo.

Por ello, hacía tiempo que quería conocer a quienes están en la otra punta de la cadena de la Investigación y Desarrollo (I+D) de nuevos productos para la salud global y visitar un centro de ensayos clínicos en el Sur. Así que no dejé pasar la oportunidad de ir a Kisumu (Kenia), junto al Lago Victoria, para visitar Kar Geno, un centro donde acaban de empezar ensayos clínicos de varios candidatos a microbicidas en una ciudad que está en una de las zonas más afectadas por el VIH del país, con una prevalencia de VIH del 18,5%.

Allí, al igual que en tantos otros lugares, el esfuerzo diario de miles de personas nos muestra experiencias de ensayos clínicos llevados con rigor científico, transparencia y normas éticas exigentes cuyos resultados están siendo fundamentales para la mejora de la vida de las personas y sociedades en donde se realizan estos ensayos, generalmente las más afectadas por enfermedades de la pobreza como el VIH/Sida, la malaria o la tuberculosis.

En este sentido, Planeta Salud trabaja con Partenariados Desarrolladores de Productos (PDP), unas asociaciones público-privadas sin ánimo de lucro que realizan ensayos clínicos, también en el Sur. Y lo hacen desarrollando y aplicando normas éticas que van más allá de lo que se exigía hasta el momento y que contemplan aspectos como la participación comunitaria en todo el proceso, además de las normas éticas habituales contempladas en la Declaración de Helsinki, por ejemplo.

Kar Geno, dirigido por la Dr. Elizabeth Bukusi, ha estado preparándose en el último año para acoger tres ensayos clínicos de candidatos a microbicidas de segunda generación que está desarrollando el Partenariado Internacional por los Microbicidas (IPM, en sus siglas en inglés), una asociación público-privada sin ánimo de lucro. Si bien colabora con IPM, el centro pertenece al Instituto keniano de investigación médica (KEMRI, en sus siglas en inglés), un instituto fundado en 1979 en Nairobi que tiene programas de investigación en salud pública sobre VIH/Sida, tuberculosis o hepatitis, entre otros.

Aquí está uno de los aspectos fundamentales: el centro no pertenece a la organización internacional (en este caso IPM), sino que es propiedad de la comunidad local, lo que significa que permanecerá una vez finalizados los ensayos impulsados por IPM. Además, Kar Geno ya había llevado previamente estudios de microbicidas y de prevención del VIH y lo que ha hecho IPM en los últimos meses ha sido capacitar al personal local, así como adaptar la clínica a las necesidades específicas de los ensayos que acaban de empezar.

Esto ha implicado cursos de formación sobre buenas prácticas clínicas de laboratorio, counselling, pruebas rápidas del VIH y pruebas de embarazo, participación comunitaria, seguridad clínica, comunicación y medios de comunicación entre otros, para los 30 empleados del centro de Kisumu. Esta formación permite tener a personal cualificado de primera línea para cualquier ensayo clínico que permanecerá en el centro, una vez finalizados los ensayos de IPM. Por lo tanto, podrán seguir prestando servicios a la comunidad local y participar en futuros estudios de prevención del VIH, un ejemplo de “fortalecimiento de sistemas de salud de los países” llevado a la práctica.

Otro punto a destacar es la colaboración que existe entre este centro y otros presentes en la ciudad. Así, Kar Geno trabaja con el laboratorio de alto nivel del centro de salud Lumumba, lo que reduce la inversión necesaria y evita duplicar laboratorios sin necesidad. Algo fundamental cuando se habla de la eficacia de la ayuda, una preocupación fundamental tanto de los donantes como de los impulsores del ensayo.

Sin embargo, la imagen que me llevo de Kar Geno es el grupo de profesionales que trabaja en el centro. Son alrededor de 30 personas, jóvenes que conforman un equipo de trabajo capaz de llevar adelante ensayos clínicos de primer nivel. Son personal médico, de enfermería, de investigación, de laboratorio o enlaces comunitarios, todos kenianos y, en su mayoría, de la misma ciudad de Kisumu que se han preparado y formado para sacar adelante los ensayos clínicos de prevención del VIH/Sida.

Este grupo humano tiene una motivación extrema porque se saben parte de la respuesta al VIH/Sida, parte de los esfuerzos puestos en marcha para reducir el impacto de una pandemia que les afecta directamente, a ellos y a su entorno. Esta ilusión y convencimiento de que su trabajo puede marcar una diferencia en la respuesta al VIH es inspiradora. Pero también el sentido de responsabilidad que practican al manejar las expectativas de su comunidad que demanda mejores respuestas a la pandemia y al haberse preparado para enfrentar cualquier eventualidad.

Al compartir algunas horas con ellos, esta energía y convencimiento se transmite y hace parecer sencillo y normal todos los esfuerzos que han sido (y son) necesarios para levantar un centro como el de Kisumu. Pero no hay que olvidar que su tarea no es ni sencilla ni habitual. Por ello, me quedo con su nombre, Kar Geno, que en swahili significa “lugar para la esperanza”: una esperanza real de que la respuesta al VIH/Sida está mejorando y de que es posible reducir (y eliminar) el impacto y el sufrimiento que la pandemia produce sobre millones de personas en todo el mundo.

Foto: Copyright Planeta Salud / Gabriel Boichay / Kisumu, Kenia

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