Las resistencias a los fármacos o farmacorresistencias
son las mutaciones genéticas que sufre un patógeno
como parte del proceso de selección natural, proceso
por el cual su material genético sufre mutaciones que
le pueden ayudar a sobrevivir. Estos cambios en el material
genético hacen inmune al virus o bacteria frente al
fármaco que debería eliminarlo o reducir su
impacto en la salud de la persona afectada. Además,
la variación genética se transmite en las consiguientes
copias del patógeno lo que dificulta el tratamiento
de la enfermedad: la persona debe cambiar de medicación
o probar una combinación farmacológica distinta.
Las
resistencias pueden aparecer porque se utiliza el medicamento
cuando no es necesario, por un uso irregular del mismo (dosis
más bajas o la no finalizacion del tratamiento) o porque
el virus lleva demasiado tiempo expuesto a un mismo fármaco
y dosis. Incluso la mala calidad del fármaco (si está
caducado o si la cantidad de principio activo es diferente
a la estipulada) puede fomentar la aparición de resistencias.
Un
virus o una bacteria resistentes pueden afectar gravemente
la salud de la persona. Si el paciente está tomando
fármacos a los que el patógeno es resistente,
éste se replica con facilidad, no puede ser eliminado
o controlado y el organismo de la persona puede llegar a colapsarse.
Actualmente,
el VIH/SIDA, la tuberculosis y la malaria son las enfermedades
infecciosas que causan mayor número de defunciones
en el mundo, con especial incidencia en los países
en desarrollo. La transmisión de cepas resistentes
a los fármacos de primera línea obliga a utilizar
tratamientos de segunda o tercera línea para poder
hacer frente a la infección. El problema: los fármacos
de primera línea son más baratos, están
más extendidos y el acceso suele ser más fácil
que los otros tratamientos. Además, los virus y bacterias
pueden generar resistencias a los fármacos de segunda
o tercera línea lo que dificultaría, incluso
imposibilitaría, el tratamiento de las enfermedades.
Para evitar quedarse sin opciones terapéuticas, que
repercutirían negativamente en la salud de las personas,
es necesario mejorar el acceso y adherencia de los medicamentos,
pero también investigar y desarrollar nuevos productos
sanitarios que aseguren otras opciones de tratamiento.
Farmacorresistencia a la tuberculosis
Los primeros medicamentos para tratar y curar la tuberculosis
(TB) aparecieron a mediados de la década de los cuarenta.
Actualmente, el tratamiento para la TB dura entre seis y ocho
meses y se utilizan fármacos de primera línea: isoniazida, rifampicina, etambutol, estreptomicina y pirazinamida.
Los dos primeros son los más eficaces y de menor coste
y también los menos tóxicos para el paciente.
Sin embargo, continúan siendo muy agresivos. Los efectos
secundarios y la rápida mejora de los síntomas
de la enfermedad hacen que muchas personas opten por abandonar
el tratamiento antes de tiempo. En los países en desarrollo
se añade que el suministro del fármaco no está
garantizado, por la precariedad de los sistemas de salud o
porque el acceso universal no está garantizado.
Ambos factores favorecen el desarrollo de resistencias y la
consecuente aparición de la tuberculosis multiresistente
(TB-MDR, en sus siglas en inglés). La TB-MDR también
tiene tratamiento: hasta dos años de quimioterapia
con fármacos antituberculosos de segunda línea
(amikacina, capreomicina, kanamicina, ciprofloxacina, levofloxacina, cicloserina, etionamida,
ácido paraminosalicílico y protionamida). Esto
significa más tiempo de tratamiento, más coste
económico y efectos secundarios aún más
graves para el paciente. El tratamiento de TB para una persona
durante seis meses supone entre 10$ y 20$. Cuando se trata
de TB-MDR, hablamos de 200$ . Las personas que viven en países
en desarrollo tienen más dificultades aún para
acceder a estos tratamientos. Esto ha hecho que en la última
década se hayan multiplicado los casos de TB resistente
a más de un fármaco (450.000 nuevos casos cada
año).
El coste más elevado, el difícil acceso, el
suministro no garantizado y una duración más
extensa en el tratamiento de la TB-MDR dificultan la curación
de las personas, facilita la transmisión y puede derivar
en nuevas resistencias. Estamos frente a otro tipo de tuberculosis:
la tuberculosis extremadamente resistente a fármacos
(TB-XDR, en sus siglas en inglés). Los medicamentos
de primera y segunda línea fallan, no son efectivos,
suponen un coste muy elevado (2.000$ por persona) y las opciones
terapéuticas se reducen al mínimo -de hecho,
hablamos de una tasa de mortalidad del 98%, incluso en las
personas que toman el tratamiento paliativo . Es una situación
insostenible para las ya precarias sociedades en desarrollo,
para su economía y para los sistemas de salud. Un coste
en vidas humanas demasiado elevado, que mantiene la situación
de retroceso económico.
La TB supone cinco mil muertes diarias, la mayoría
en países en desarrollo. La dificultad de acceso, la
falta de suministro regular de medicamentos, la falta de personal
médico, la poca adherencia debido a los efectos secundarios
y la larga duración hacen que no siempre se pueda acabar
con éxito el tratamiento. Esto favorece la aparición
de resistencias y, nuevamente, se inicia un tratamiento que,
probablemente, acabe en fracaso por los mismos motivos que
el anterior. Se necesitan nuevos productos de salud que ayuden
a reducir la duración del tratamiento, cuyos efectos
secundarios sean menores y con un precio asequible. De la
misma forma que son necesarios nuevos fármacos para
tratar tanto la TB-MDR como la TB-XDR , porque quedan menos
opciones terapéuticas y hay cada vez más personas
que viven con una cepa de la TB resistente a fármacos.
Una vacuna terapéutica, que con una sola dosis pudiera
eliminar la enfermedad; una vacuna preventiva que evitara
la activación de la TB; un diagnóstico fiable
y rápido son sólo algunas de las posibilidades.
Para que se conviertan en una realidad, se necesitan esfuerzos
económicos, tanto para el I+D como para garantizar
el futuro acceso a esos productos sanitarios, así como
el apoyo político y la implicación de la sociedad
civil. Existen iniciativas internacionales y locales que trabajan
para acelerar el proceso de I+D de nuevos productos sanitarios
para la prevención, detección y tratamiento
de la TB. Es necesario un fuerte compromiso político
para reducir o invertir el impacto de la TB en el mundo, sobretodo
en los países en desarrollo, donde el efecto de esta
enfermedad en la salud de las personas afecta la macro y microeconomía,
y contribuye a que se perpetúe la situación
de estancamiento socioeconómico.
1-
Las resistencias a fármacos se dan en virus y bacterias
muy diversas. En algunos casos, como en el VIH/SIDA, la tuberculosis
o la malaria, la resistencia a un fármaco puede poner
la vida de la persona en peligro. En otros, como en el caso
de la gripe, que muta de año en año, es más
difícil que llegue a poner en riesgo la vida de la
persona.
2- Los medicamentos de primera línea son los que se
utilizan en primera instancia para tratar una enfermedad.
3- Existe el Comité Luz Verde para mejorar el acceso
a los tratamientos de segunda generación. Los proyectos
que aprueba este grupo de trabajo de la Organización
Mundial de la Salud obtienen fármacos de segunda línea
de calidad y a un coste más bajo.
3- Según datos de la Organización Mundial de
la Salud, la tasa de mortalidad de la TB es del 15% y de la
TB-MDR del 35%.
Fuentes:
CENTRO
DE INFORMACIÓN DEL MEDICAMENTO. Para no crear resistencias
a los medicamentos [en línea]: Col•legi
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on-line. [Consulta: 10 de abril de 2008]. Disponible en: http://www.farmaceuticonline.com/cast/medicament/resistencies_c.html
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ORGANIZACIÓN
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Luz Verde [en línea]: Ginebra, Suiza. [Consulta:
11 de abril de 2008]. Disponible en: http://whqlibdoc.who.int/hq/2000/WHO_CDS_TB_2000.283_spa.pd |