Boletín | |
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| Tuberculosis: nuevos retos para una vieja pandemia Autor: Planeta Salud |
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La tuberculosis es una de las llamadas pandemias de la pobreza, junto al VIH/SIDA y la malaria. Las tres enfermedades causan alrededor de seis millones de víctimas cada año y están estrechamente ligadas a las condiciones sociales y económicas de la población, afectando de manera especial a los países en vías de desarrollo. Pese a tratarse de una vieja enfermedad, aparentemente controlada en los países industrializados, en los últimos años está repuntando la incidencia de la tuberculosis en regiones como América Latina, África y Asia debido al deterioro de las condiciones de vida de la población (pobreza extrema, desnutrición, sistemas de salud precarios) y a la propagación del VIH/SIDA. Conocida como la enfermedad de la vulnerabilidad, la tuberculosis – cuyo bacilo de Koch posee en estado latente un tercio de la población mundial– se activa principalmente en aquellas personas con un sistema inmunológico deprimido. Resulta, por ejemplo, que la tuberculosis es la principal infección oportunista y la primera causa de muerte de las personas que viven con VIH en todo el mundo. Ante una enfermedad que causa 5.000 muertes diarias y en la que es corriente la aparición de resistencias a los fármacos (como veremos en el artículo “Ante las resistencias, nuevos fármacos”) urge la movilización de la comunidad internacional. Es necesario mejorar las condiciones de vida de la población de todo el mundo y esto pasa por velar por el desarrollo social y económico y mejorar los sistemas públicos de salud para que éstos puedan ofrecer una respuesta efectiva a la tuberculosis en el ámbito local. También conviene universalizar los productos y recursos de salud existentes para que todas las personas que viven o están en riesgo de adquirir tuberculosis puedan acceder libremente a ellos. Por otro lado, para suavizar la prevalencia e impacto de la tuberculosis, es importante abordar también el VIH/SIDA: lidiar contra las dos enfermedades de forma comprehensiva puede ser una estrategia eficaz debido a las interconexiones que presentan. Además, las herramientas terapéuticas y profilácticas existentes para hacer frente a la tuberculosis merecen cierta revisión: el tratamiento (descubierto hace unos cincuenta años) es una combinación de fármacos que se aplican en un largo periodo de tiempo, con notables efectos secundarios y riesgos de baja adherencia; por lo que atañe a la prevención, se utiliza una vacuna, la BCG (descubierta en 1921) que tiene una muy baja efectividad. Por ello, es necesario acelerar la investigación y desarrollo de nuevos productos para tratar y prevenir la tuberculosis. Además, son necesarias más y mejores herramientas para diagnosticar la tuberculosis, siendo la detección uno de los principales problemas de la enfermedad. Existen hoy en día diversas iniciativas internacionales que trabajan para desarrollar estos productos, iniciativas que aúnan recursos y capacidades públicas y privadas. Es el caso de la organización Aeras, Fundación Mundial por una Vacuna de la TB (Global TB Vaccine Foundation), que trabaja para desarrollar una vacuna eficaz para la tuberculosis, o de FIND, la Fundación para la Innovación de Nuevos Diagnósticos (Foundation for Innovative New Diagnostics). Otras organizaciones como el Partenariado Stop TB (Stop TB Partnership) de la mano de las Naciones Unidas, obran para sensibilizar a la comunidad internacional sobre la importancia de abordar la tuberculosis y establecer estrategias sociopolíticas para mitigar su impacto a nivel mundial. En el plano estatal, el Gobierno español debería ampliar los recursos destinados a suavizar el impacto de la tuberculosis a través de la Ayuda Oficial para el Desarrollo: continuar mejorando los sistemas públicos de salud de los países más afectados por la pandemia y ampliar las donaciones a organismos internacionales que desarrollan nuevas herramientas para tratar o prevenir la tuberculosis o que establecen estrategias de actuación política y social. También convendría coordinar los esfuerzos de los diferentes agentes del Estado español que trabajan para mitigar los efectos globales de la tuberculosis. Puede ser interesante aunar los recursos y las capacidades de las diferentes administraciones públicas implicadas, de la comunidad científica, de la industria privada y de la sociedad civil organizada para establecer una estrategia y posicionamiento compartidos. La creación de una plataforma público-privada puede ser un buen instrumento para proporcionar una respuesta eficaz y también movilizar a la sociedad española alrededor de la tuberculosis en el mundo. |
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