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Los recortes de financiación en la respuesta al VIH/Sida

Autor: Gabriel Boichat Sancho

 

Los recortes en salud global y especialmente en la respuesta al VIH/Sida han sido repetidamente denunciados por las consecuencias que implican en la salud de millones de personas, pero también sobre las economías y sociedades de los países más afectados. La XVIII Conferencia Internacional del Sida no sólo ha alertado sobre los riesgos de la reducción de la ayuda, sino que ha puesto de manifiesto que el impacto sobre el terreno es ya una realidad.

Según un informe publicado durante la conferencia por ONUSIDA (la agencia de Naciones Unidas en la lucha contra el Sida), la crisis financiera ha estancado las contribuciones de los países donantes. Así, en 2009, el G-8, la Comisión Europea y otros países proporcionaron 7.600 millones de dólares, 100 millones menos que en 2008. Una tendencia mundial en la que también se encuentra el “Plan Presidencial de Emergencia de Respuesta al Sida” de Estados Unidos (PEPFAR), uno de los principales donantes, con reducciones de presupuesto para el periodo 2009-2014.

Las consecuencias de estos recortes ya no son una posibilidad, sino una realidad. Según Médicos Sin Fronteras (MSF) en su reciente informe No es momento de rendirse: Crisis en la financiación de la lucha contra el sida en África, el impacto de la reducción de fondos ya se está notando sobre el terreno en donde el nivel de la atención para el VIH está empezando a deteriorarse. En este sentido, el informe destaca que “cualquier retroceso de los esfuerzos actuales para ampliar la TAR tendrá consecuencias negativas muy reales y de gran alcance para los pacientes y para los trabajadores que luchan contra el sida en el terreno”.

Ejemplos concretos como el que se reduzca la incorporación de nuevos pacientes a los programas de acceso a tratamientos antirretrovirales, además de amenazar a medio y largo plazo el subministro de los tratamientos, son cada vez más comunes. Además, los pacientes que no sean tratados podrían empeorar y sucumbir a infecciones oportunistas como la tuberculosis.

En este sentido, el Banco Mundial calculaba en un informe reciente que el posible impacto de congelar la financiación para el VIH/Sida implicaría que “las nuevas infecciones seguirían aumentando y las muertes por VIH/Sida superarían a las 1,9 millones registradas en 2005”. Además, “el efecto acumulado de interrumpir los esfuerzos de ampliación en los cinco próximos años sería de 10 millones de muertos y 14 millones de nuevas infecciones, un incremento del 50% respecto a 2006”.

Estos recortes han llevado a la comunidad científica, activistas y líderes mundiales a exigir el cumplimiento de los compromisos de financiación de los donantes para alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio en Salud, al recordar que no se está haciendo suficiente. El ex presidente estadounidense Bill Clinton ha sido uno de los más explícitos al afirmar que “los recientes progresos realizados en el campo de la terapia no son una excusa para relajarnos. Al contrario, aún queda mucho por hacer y es el momento de hacerlo".

Por un lado, hay que alcanzar una mayor eficacia en el gasto de los recursos existentes, evitando duplicar los programas o coordinando acciones. Pero también invirtiendo en prevención: no es sostenible que de cada dos personas que acceden al tratamiento antirretroviral se infecten cinco personas.

El filántropo Bill Gates, uno de los grandes impulsores de la innovación en la prevención del VIH/Sida afirma que se debe extender el acceso a las herramientas de prevención existentes (como el condón masculino o la prevención de la transmisión vertical del VIH), centrarse en las comunidades en donde el crecimiento del VIH es mayor e invertir en la Investigación y Desarrollo de nuevos productos como vacunas del VIH y microbicidas.

Sin embargo, para avanzar en la respuesta mundial a la pandemia del VIH, la sostenibilidad de la financiación es indispensable. Las necesidades son muchas y los recursos claramente insuficientes, como muestra un cálculo de ONUSIDA en el que se constata que no se va a llegar ni a la mitad de los 25.100 millones de dólares necesarios para el VIH en el 2010.

Por ello, los donantes deben mantener sus aportaciones en la lucha contra el VIH/Sida y en salud global en general. No es aceptable que sean las personas más vulnerables las que carguen con las consecuencias más dramáticas de una crisis económica mundial. Pero además, invertir en salud funciona y  es rentable, tal y como demuestran los resultados de los esfuerzos realizados en salud a lo largo de los últimos diez años.

El Fondo Mundial, por ejemplo, calcula que a finales del 2009 se habían salvado 4,9 millones de vidas gracias a los programas que financia, mientras que ese mismo año GAVI Alliance alcanzó la cifra de 250 millones de niños y niñas vacunados frente a enfermedades prevalentes. También en el terreno de la Investigación y Desarrollo (I+D) de nuevas herramientas de salud ha habido importantes avances con la primera candidata a vacuna contra la tuberculosis (TB) que llega a ensayo clínico de Fase IIb en más de 80 años, los primeros resultados de eficacia de una candidata a vacuna contra el VIH, los resultados de un candidato a microbicida vaginal eficaz en un 39% frente al VIH o el desarrollo de nuevos sistemas de diagnósticos baratos y accesibles para la TB o la malaria.

El mundo no se puede permitir un retroceso en las condiciones de salud de millones de personas porque, como se escuchó en varias ocasiones en la Conferencia de Viena, si bien la economía está en crisis, enfermedades como el VIH/Sida no lo están.
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