Editorial |

Beijing+15. ¿Aprobamos el examen?
 
 

Han pasado 15 años desde La Cuarta Conferencia Mundial Sobre la Mujer: Acción por la Equidad, el Desarrollo y la Paz, celebrada en Beijing en 1995. De los 11 días de reunión, surgió un claro mensaje: los derechos de las mujeres y las niñas son globales y universales y se ha de trabajar a todos los niveles para eliminar las prácticas que perpetúen la inequidad y discriminación contra las mujeres y las niñas. Estas metas debían cumplirse para el año 2000. Que hayan pasado diez años de esa primera meta ya es un claro indicador de que el examen está suspendido. Ahora bien, no podemos menospreciar los esfuerzos realizados y sus resultados ni perder el ánimo. Ahora nos encontramos en el momento de examinar los avances en las distintas áreas, y todo indica que no han sido suficientes.

Del uno al 12 de marzo de este año se celebrará en Nueva York la reunión de seguimiento de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer de Beijing donde se analizará el estado actual de los derechos de las mujeres y niñas en todo el mundo. Se presentarán los resultados del trabajo de la Plataforma de Acción creada a partir de la Conferencia.

Desde 1995 se han hecho avances en las 12 esferas de trabajo marcadas por la Conferencia que sin embargo, no son suficientes. Estamos al principio del camino, como demuestran los datos analizados en varias de estas esferas. En el caso de la pobreza extrema, actualmente, más de 1.200 millones de personas viven en condiciones de pobreza extrema de las cuales el 70% de estas personas son mujeres.

Por su parte, el derecho a la salud, otra de las áreas de trabajo de la Plataforma, es uno de los objetivos en los que menos se ha avanzado. Tanto la Iniciativa de las Naciones Unidas para la Educación de las Niñas, en su informe Logros en género y Posibilidades en Educación, como UNICEF en su informe Las Chicas, motor del desarrollo mundial  indican que las mujeres y niñas sin acceso a la educación son más vulnerables frente a la pobreza, el hambre, la violencia y enfermedades como el VIH/Sida, la tuberculosis y la malaria. También el informe de la Organización Mundial de la Salud Mujer y Salud: la evidencia de hoy, la agenda de mañana indica que en 2009 murieron más de cuatro millones de niñas menores de cinco años, la mayoría por causas prevenibles o tratables; 2,5 millones de ancianas se quedaron ciegas por causas igualmente evitables; y entre ambos rangos de edad, un millón de mujeres morirán por causas relacionadas con el VIH/Sida, medio millón por la tuberculosis y otro medio millón por complicaciones relacionadas con el embarazo y el parto.

Además las mujeres y niñas tienen un acceso más limitado a los sistemas de salud, lo que agrava su situación y dificulta su recuperación (cuando es posible) y/o tratamiento. Por ejemplo, sólo el 21% de las mujeres embarazadas acceden a la prueba del VIH, y de éstas sólo un tercio de las mujeres cuyo resultado es positivo durante el embarazo reciben tratamiento antirretroviral.

En el caso de la tuberculosis (TB) las mujeres tienen más obstáculos para acceder al tratamiento y tienen una mayor tasa de mortalidad que los hombres. A esto hay que añadir que la mujer es tradicionalmente la cuidadora de los familiares enfermos, por lo que la tasa de incidencia tuberculosis es también más elevada al estar más expuestas a la infección de una enfermedad que se transmite por el aire.

La creciente feminización de las pandemias del VIH y la TB, y el impacto de la malaria en las mujeres embarazadas demuestran que las mujeres han caído en el olvido del sistema sanitario, de los gobiernos y sus políticas.

En este sentido, resulta especialmente preocupante que no existan las herramientas de salud que se ajusten a las necesidades de las mujeres ante las enfermedades. Por ello, y ante la reunión de Beijing +15, Planeta Salud aboga por que la Investigación y Desarrollo (I+D) de nuevos productos biomédicos sea parte de la respuesta.

Urge encontrar nuevas herramientas de salud seguras, eficaces y accesibles para todas las personas que lo necesitan y, con especial atención, para las mujeres ya que están soportando la mayor parte de la carga de los problemas de salud. Herramientas que les permita protegerse frente al VIH de forma sencilla y adaptada a sus necesidades, como un microbicida o una vacuna preventiva. Diagnósticos rápidos que puedan detectar la TB, el VIH y la malaria, incluso en casos de co-infección o farmacorresistencias, y así facilitar la entrada en el sistema sanitario de las mujeres. Y terapias eficaces y sin efectos secundarios que garanticen el derecho a la salud.

Por ello, la I+D puede ser también una oportunidad en sí misma en la defensa de la equidad de género, los derechos de las mujeres, el desarrollo socioeconómico de las zonas más afectadas por las pandemias de la pobreza y el fortalecimiento de los sistemas de salud.

Algunos pueden excusarse en que la implementación de la Plataforma de Acción es responsabilidad de los gobiernos y entes públicos. Sin embargo, asegurar el cumplimiento, respeto y promoción de la equidad, los derechos sexuales y reproductivos así como del empoderamiento de la población femenina es responsabilidad de todas las partes implicadas. No podemos seguir mirando a otro lado si queremos que los derechos de las mujeres sean respetados. La colaboración entre actores, pues, es fundamental para conseguir que las mujeres accedan a los sistemas sanitarios y que tengan herramientas de salud adaptadas a sus necesidades como los microbicidas o nuevas terapias. Solo así se romperá el ciclo de vulneración de los derechos de las mujeres y podremos celebrar el cumplimiento de las metas establecidas hace quince años en Beijing.

DerechosReservados ® Planeta Salud