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8 de marzo, avances y retrocesos

 

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Gabriel Boichat . 8/Mar/2012

 

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8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres. Un día de lucha que existe porque vivimos en un mundo que acepta, reproduce y fomenta las desigualdades de género. Desigualdades en el trabajo, en los derechos sexuales, en las oportunidades, en el acceso a la salud, a la educación o a la información, por citar sólo algunos ejemplos. Unas desigualdades que son fuente de dolor, injusticia y que, no lo olvidemos, también matan.

No estamos igual, claro. Con una simple mirada hacia atrás veremos lo mucho que se ha avanzado a lo largo de las últimas décadas. Un camino que no ha sido ni sencillo ni corto y cuyos avances se los debemos a las miles de mujeres y grupos feministas que decidieron luchar por tod@s nosotr@s para conseguir una plena igualdad.

Sin embargo, la discriminación de las mujeres por el simple hecho de serlo siguen siendo una realidad dolorosa. Lo explica muy bien Pablo Gentill en “La persistencia de las desigualdades de género” al afirmar que las desigualdades se mueven, avanzan y, de alguna manera, se regeneran. Lo ejemplifica con el mayor acceso a la educación que no ha conllevado un mayor acceso de las mujeres a puestos de toma de decisión. Para él, ante un avance los sectores conservadores no buscan volver a la situación inicial sino que buscan restablecer el privilegio perdido en nuevos escenarios y atribuyendo “a las propias mujeres las razones de su persistencia y no a las relaciones patriarcales y sexistas que la producen y reproducen”. Resultado: superamos desigualdades que luego reaparecen disfrazadas de novedad.

Así, los avances y las victorias se entrelazan con retrocesos o empeoramientos. Es el caso de la salud. En Planeta Salud explicamos cómo determinadas enfermedades afectan especialmente la salud de las mujeres: la tuberculosis es la tercera causa de mortalidad en mujeres de entre 15 y 59 años, mientras que la feminización del VIH/Sida nos ha llevado a que las mujeres sean ya el 52% de las personas que viven con VIH en todo el mundo.

Las causas son muchas y variadas: culturales, estructurales, sociales, económicas y también biológicas. Pero lo preocupante es que carecemos de herramientas adaptadas a esta realidad. El ejemplo más gráfico es el del VIH/Sida: las mujeres son más vulnerables que los hombres ante la infección por VIH y, sin embargo, no cuentan con métodos de prevención que tengan en cuenta sus necesidades, como lo serían los microbicidas vaginales, actualmente en desarrollo.

Por todo ello, el testimonio de la Dra. Mutua en el blog de ONE es lo más inspirador que he leído en mucho tiempo. Mujer, investigadora y africana, relata su compromiso con la mejora de la salud de las mujeres a través de su implicación en el desarrollo de una vacuna contra el Sida. Su experiencia es, en sí misma, la superación de muchas desigualdades. Pero la lucha diaria que libra por ofrecer nuevas soluciones ante una pandemia tan devastadora como el Sida es una esperanza que me convence de que no existe desigualdad que no pueda ser derribada.
 
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